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"La pasábamos muy felices aquí", así fue la vida de Antonio Aguilar y Flor Silvestre en El Soyate

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El amor verdadero si existe y un claro ejemplo fueron Antonio Aguilar y Flor Silvestre. Emblemáticos cantantes de la música ranchera e íconos de la época de oro del cine mexicano. Los Patriarcas de la Dinastía Aguilar vivieron juntos por casi 50 años y cuando no estaban de gira con el show ecuestre a cargo de “El Charro de México”, disfrutaban al por mayor su tiempo en su nido de amor, su hogar en el Rancho El Soyate, ubicado en el poblado de Tayahua, municipio de Villanueva, estado de Zacatecas, México.

Guillermina Jiménez Chabolla, mejor conocida como Flor Silvestre, conoció a José Pascual Antonio Aguilar Márquez Barraza en 1950, cuando ella ya era una reconocida intérprete de la música ranchera y Antonio, apenas comenzaba su carrera artística. Años después trabajaron juntos por primera vez en la película “La huella el chacal” y no fue hasta 1957, cuando protagonizaron “El Rayo de Sinaloa: La venganza de Heraclio Bernal”, cuando se enamoraron.

Antonio Aguilar y Flor Silvestre llevaron a cabo su boda civil el 29 de octubre de 1959; durante un tiempo vivieron en la Hacienda de la Familia Aguilar (“La Casa Grande”, como le decían). El cantante le prometió a su esposa: “yo te voy a hacer tu casa y sí, me la hizo”.

Fue en el Rancho El Soyate donde Antonio Aguilar le construyó la casa que le prometió. Le dijo que cada ladrillo era una canción que le dedicaba.



Hace unos años en una entrevista con Francisco Esparza Acevedo, para su programa de radio en Estéreo Plata 91.5 FM, Guillermina Jiménez Chabolla expresó que antes de la muerte de su esposo Antonio Aguilar, “era muy feliz”. Contó cómo era un día normal cuando no tenían algún show y estaban en El Soyate.

Los papás del también cantante Pepe Aguilar, se despertaban a las cinco de la mañana y para las siete, ya estaban montados a caballo. “Cuando teníamos oportunidad de estar aquí, porque siempre en los hoteles, trabajando y todo”. Llevaban con ellos tortillas, queso y carne, ya que regresaban de su paseo a caballo hasta las siete de la tarde.

“Nos íbamos todos los días, para aprovechar todo ese tiempo, nos íbamos a la sierra, a ver el campo, él (Antonio Aguilar) empezó a sembrar, a comprar terrenos que eran de su papá, se los habían quitado, así era nuestra vida, llenar todo esto (el rancho) de plantas, de árboles, porque no había nada, era un cerro donde nada más había nopales y mezquites”. Para Flor Silvestre, su hogar en El Soyate fue su nido de amor.

Nos hizo este nido, fue un nido de amor de tantos años, esa era nuestra vida y a mí me gustaba cocinarle, la pasábamos muy felices aquí.

Antonio Aguilar murió a los 88 años de edad el 19 de junio de 2007, a causa de una de neumonía que aunque le fue controlada, le provocó un cuadro de agotamiento agudo, afectando su funcionamiento renal y pulmonar.

13 años después de la partida de “El Charro de México”, Flor Silvestre murió el 25 de noviembre de 2020, tenía 90 años de edad. Al final la cantante y actriz tuvo unos problemas de salud derivados de un cuadro de tifoidea; cumpliendo su última voluntad fue sepultada junto a su gran amor.

La tumba de Flor Silvestre y Antonio Aguilar está en lo alto del Cerro San Cayetano, ubicado dentro del Rancho El Soyate.

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